viernes, 23 de marzo de 2012

Guacolda

¡Ay,  Wa-koli, o quizá, ¿ Teresa?
Desde lo hondo de mi pequeñez te invoco
Soberbia India de los llanos,
Mi alma está sedienta de tu sangre
Mi carne está vencida
Y cuando cae la tarde
El divino fantasma de tu amante
Ironiza con mi falda
Pues para ofrecer a mi amado
Yo sólo tengo quejidos
Y la espectralidad de mi llanto.

¡Wa-koli!
Cuando la radiante espada
Del fuego de la noche
Desmenuce el día
Hazme revivir por tu muerte
En mi entraña vuelve a la vida
Tú que no hablaste nunca
El lenguaje de los vencidos
En conjuro de  noche mágica
Para igualar tu grandeza
Haz que en mi pecho se inflame
El hechizo de la belleza.

¡Bendita seas Guacolda, Hermana,
Emblema del Arauco indómito
Por los siglos de los siglos!

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